Noviembre 18, 2019

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Registro Municipal de Solares

El Ayuntamiento de Eivissa ha puesto en marcha por primera vez el Registro Municipal de Solares, una herramienta que tiene la finalidad de fomentar la rehabilitación de los inmuebles del núcleo histórico de la ciudad que se encuentran en estado de ruina. La filosofía del Registro Municipal de Solares es fomentar el deber de conservación y la correcta edificación. Así, en cumplimiento del que marca de ley, el Ayuntamiento incluye dentro del registro los inmuebles con expediente de ruina declarada y da a sus propietarios un plazo de dos años para rehabilitarlos. Transcurrido este tiempo, si no se han realizado mejoras, se prevé que terceros puedan comprar las ruinas y rehabilitarlas o bien derruirlas y construir una nueva edificación. También podría darse el caso de que fueran adquiridas por la propia administración paar llevar adelante su recuperación urbanística.

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Evolución de la Ciudad de Eivissa-Ibiza

Dalt VilaLa ciudad antigua se desarrolló a partir del primer asentamiento fenicio del Puig de Vila. Según los textos clásicos, Aiboshim, la ciudad de Bes, fue fundada en el año 654 a. C.

El núcleo urbano se componía de una acrópolis y una zona portuaria situada junto a la bahía, también contaba con templos, zonas artesanales e importantes alfarerías. Se calcula que en el siglo V a.C. la ciudad tenía entre 3000 i 4000 habitantes. Durante toda la época púnica fue un centro comercial de gran vitalidad que exportaba productos manufacturados a diferentes lugares del Mediterráneo.

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Eivissa-Ibiza: Patrimonio de la Humanidad

El 4 de diciembre de 1999, la UNESCO inscribió la categoría Eivissa, Biodiversidad y Cultura dentro del conjunto de Patrimonio de la Humanidad. De esta forma, las Pitiüses pasaron a formar parte de este exclusivo club mundial del que España es el miembro con mayor cantidad de bienes.

Para Eivissa, una isla eminentemente turística, este reconocimiento representa la herramienta apropiada para promocionar todos sus atractivos y superar el tópico de sol, playa y fiesta, célebre en todo el mundo. La cultura milenaria y la rica biodiversidad de Eivissa han encontrado en la declaración de Patrimonio de la Humanidad un vehículo de promoción ideal. En estos últimos años, Eivissa ya ha notado un aumento del turismo cultural, rural y deportivo, una de sus apuestas de futuro más sólidas.

La UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad la acrópolis de Dalt Vila (el casco antiguo de la ciudad de Eivissa), las praderas de posidonia oceánica, cuna de la rica biodiversidad marina de las Pitiüses, y la necrópolis fenicio-púnica de Puig des Molins y el asentamiento fenicio de sa Caleta, vestigios de los primeros asentamientos de las islas.

Dalt Vila es un monumento a la Historia. En sus múltiples estratos se superponen vestigios de todas las culturas que han pasado por la isla, desde los primeros pobladores de la bahía de la ciudad de Eivissa, pasando por fenicios, cartagineses, romanos y musulmanes, hasta la conquista catalana a manos del Reino de Aragón, en el siglo XIII. Su arquitectura, de gran belleza y sencillez, ha influido notablemente en las construcciones coloniales del Nuevo Mundo.

Las praderas de posidonia –planta marina fanerógama endémica del Mediterráneo- son el origen de la belleza y transparencia de las aguas del mar pitiuso. Su conservación es por tanto un imperativo, pues la vasta biodiversidad de las aguas de Eivissa y Formentera depende directamente de su buena salud. Al igual que los arrecifes coralinos en los mares tropicales, las praderas de posidonia de Eivissa y Formentera son un patrimonio mundial cuya pérdida sería una catástrofe para la cadena trófica.

Vídeo promocional de Eivissa-Ibiza Patrimonio de la Humanidad:

Las Murallas Renacentistas

Murades RenacentistesLa construcción de la muralla renacentista de Eivissa se inscribe dentro del plan de modernización de las defensas costeras del Mediterráneo, impulsado por Carlos I y Felipe II para mantener y defender los territorios de la Corona española en una época de conflictos bélicos con Francia y el imperio otomano.

El proyecto fue diseñado por el ingeniero Giovani Battista Calvi que se encontraba en la isla cuando comenzaron las obras a principios de 1555. En la primera fase se construyeron seis baluartes: Sant Jordi, Sant Jaume, Sant Pere, Sant Joan, Santa Tecla y San Bernat. Hacia los años 70 del siglo XVI, el proyecto original fue modificado por el entonces ingeniero de la corona Jacobo Paleazzo Fratín; que proyectó la construcción de un nuevo baluarte -Santa Lucía- y la ampliación del de Sant Joan, además de cambiar la ubicación del acceso principal, la Puerta del Mar (tambien llamada de Ses Taules), que se abrió en la cortina que une los baluartes citados.

El nuevo sistema defensivo de la ciudad reseguía el perímetro de la fortificación existente, sustituyendo las antiguas cercas medievales por modernos lienzos y baluartes ataluzados. El proyecto recogía los avances de la arquitectura militar desarrollada en Italia durante la primera mitad del siglo XVI, que fueron introducidos en la península por Benedetto de Rávena que trabajó para Fernando el Católico y Carlos I, y el ingeniero Giovani Battista Calvi que durante años estuvo al servicio de Felipe II.

El proceso de construcción de las murallas y otros pormenores se conocen por la documentación de la época, y sobre todo por la correspondencia de los ingenieros con la Corona, que son la fuente principal para conocer la marcha de la obra, marcada por la intervención de dos ingenieros cuya actuación permite distinguir dos fases en el proceso de construcción del recinto. La primera, entre 1554-1575, corresponde a la plasmación del proyecto de Calvi; y la segunda entre 1575-1585 refleja la rectificación de la traza realizada por Fratín.

Las obras comenzaron en enero de 1555 bajo la supervisión directa de Calvi, que inició la traza por la parte de poniente, la más débil de la ciudad; construyendo los baluartes de Sant Jordi y Sant Jaume. Cuando el ingeniero abandonó la isla, en marzo de 1555, los baluartes de poniente se hallaban muy avanzados y ya se había iniciado el del Sant Pere. Con su marcha las obras prosiguieron más lentamente, alternandose con épocas de inactividad. Hay noticias que indican que en 1563 se estaba trabajando en la cimentación de los baluartes de Sant Joan y Santa Tecla y cinco años después se construía la cortina entre ambos. Al final de la década de los sesenta se iniciaba el último baluarte de la traza de Calvi, el de Sant Bernat, frente al Castillo; y años después se trabajaba todavía en el “Cuerpo de Guardia” de la Puerta del Mar, que Calvi proyectó para el extremo oeste de la plaza de Vila.

Las obras de la fortificación dieron empleo a un buen número de picapedreros, canteros, y obreros locales. Entre ellos cabe destacar al “mestre” Antoni Jaume, que por su habilidad y maestría fue instruido directamente por el ingeniero para que, durante su ausencia, siguiera con el proyecto. Antoni Jaume informaba regularmente al ingeniero de la marcha de las obras hasta su desaparición, en 1562, en un viaje que hizo a Perpiñan para encontrarse con Calvi. La persona que le sucedió al frente de la obra fue el maestro mallorquín Antonio Saura Cobo, que trabajó durante varios años en la construcción de los baluartes de Sant Joan y Santa Tecla y en la cortina entre ambos.

El año 1575, Fratín llegó a Eivissa para inspeccionar las obras de la fortificación. En su primera visita observó la existencia de un barrio extramuros, situado en el promontorio del Puig de Santa Llúcia, y consideró conveniente protegerlo. Para ello tuvo que realizar una rectificación de la traza de Calvi, reorientando y ampliando el baluarte de Sant Joan y construyendo el de Santa Llúcia, con su correspondiente cortina; en la que se abrió la puerta principal del recinto.

La ampliación de la muralla conllevará la expropiación de terrenos y la incorporación de nuevos ingenieros y maestros de obra. El propio Fratín instruyó al ingeniero Juan Alonso Rubián que se desplazó a la isla para hacerse cargo de la obra, de la que se conocen diversos detalles a través de su correspondencia con Fratín, que permite también conocer el avance del proyecto. En noviembre de 1578 se rectificaba el baluarte de Sant Joan y se trabajaba en la construcción del revellín y medio Caballero adosado al baluarte de Santa Tecla. Además, el ingeniero realizó intervenciones menores en las casamatas y baluartes de la traza de Calvi, a fin de dotarles de mayor seguridad. Alonso Rubian también mandó construir el paso del Soto Fosc, como se deduce de una carta suya que dice que: “...ha mandado abrir una calle para entrar cubiertos en la muralla...” Durante la década de los años 80 fue levantado el baluarte de Santa Llúcia, la cortina con el de Sant Joan y la puerta del Mar, más conocida como Portal de Ses Taules, que se inició hacia 1584.

La puerta, de carácter monumental, está flanqueada por dos estatuas romanas y sobre el arco de la entrada una gran lápida conmemorativa con las armas de Felipe II, el escudo de la ciudad y una inscripción en la que figura la fecha de 1585. Fecha que no corresponde con la finalización del recinto ya que durante la última década del siglo XVI continuaron las obras, dirigidas por un nuevo ingeniero, Antonio Saura, hijo de uno de los maestros que trabajaron en la fase anterior.

En la última década del siglo XVI fueron completándose los remates de los baluartes con parapetos y casamatas, finalizaron las obras del Cuerpo de Guardia, situado en la entrada de la puerta principal y finalmente, se introdujo una reforma en el baluarte de Sant Pere, al que se le añadió el Caballero de Sant Lluc; que Antonio Saura había proyectado y cuyo dibujo fue remitido por el Gobernador al monarca.

Necrópolis Púnica de Puig des Molins

El Puig des Molins fue el cementerio de la ciudad de Eivissa durante toda la Antigüedad. Está situado unos 500 m a poniente del puig de Vila, donde está emplazada la ciudad desde su fundación por fenicios occidentales a fines del siglo VII a.C. Así, como es habitual en las ciudades fenicias, el espacio de los vivos y el de los muertos estaban cercanos, aunque separados por un accidente geográfico, en este caso una pequeña vaguada (actual calle de Joan Xicó). Su nombre deriva de la existencia de molinos de viento en su cima desde al menos el siglo XV, aunque hoy solamente quedan los restos, largamente en desuso, de algunos de ellos.

Como consecuencia de la explotación agrícola del yacimiento en los últimos siglos, su superficie fue abancalada y cubierta de frutales, principalmente olivos, así como algunos almendros, algarrobos e higueras, generalmente plantados en los pozos de acceso de las tumbas. En la actualidad, debido a la interrupción de las labores agrícolas en las últimas décadas, toda su superficie se encuentra cubierta por una capa de sedimento con espesa vegetación arbustiva, que oculta la mayor parte de las sepulturas existentes. De éstas exteriormente sólo son visibles 340, la mayoría de ellas tumbas de pozo y cámara excavados en la roca, de época púnica, denominadas "hipogeos". Sin embargo, el número de real de las mismas -sin contar otros tipos de sepultura- se estima en torno a las 3000.

El cementerio inicial, establecido a fines del siglo VII a.C. por los fenicios que fundaron el establecimiento de la bahía de Ibiza, ocupaba una zona concreta de entre 6000 y 10000 m2 de extensión, en la parte baja de la ladera. En época púnica (desde finales del siglo VI a finales del I a.C.), el cementerio experimentará un enorme crecimiento como consecuencia del desarrollo de la ciudad, siendo su extensión de aproximadamente 5 Ha. En época romana (siglos I-V d.C.), el área cimenterial se extiende desde la parte baja del puig des Molins hacia el Norte, hasta alcanzar la Avenida España e incluso la calle Aragón en los siglos de la Antigüedad Tardía (VI-VII d.C.).

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