Sarah Nechamkin
En exposición hasta el 31 de diciembre de 2013



¿De donde procede la pintura de Sarah Nechamkin? La pregunta puede incluso parecer un poco absurda si se toma literalmente, pues cualquiera podría contestar: de ella misma, es obvio. Nadie va a negar  la evidencia, y sin embargo yo seguiría preguntando: ya, ¿pero de dónde procede Sarah Nechamkin?¿cuáles son sus raíces, sus influencias, sus filias, sus orígenes artísticos, sus escuelas, sus líneas de fuerza, su universo temático, su bagaje cultural...?
Porque todo  eso y mucho más, sirve para entender la obra de esta artista,  y solo cuando se obtienen las respuestas, entonces empezamos a vislumbrar -y todavía tímidamente- el perfil de su lenguaje y su caudal de comunicación.

Sarah Nechamkin era una niña que quería pintar, su vocación se despertó en Londres, donde había nacido en 1917, al abrigo de las faldas y de las nanas que le cantaba en hebreo su abuela rusa. Imagino que tanto aquellas melodías como sus letras serían muy descriptivas y llenas de color y emoción. Sus padres amaban la pintura y además su tío Boris era retratista. Previamente por su paso  por la Escuela de Bellas Artes de Chelsea que decantará su estilo, recibe lecciones de Nana Youngman, profesora de gran influencia por sus conocimientos  en pedadogía del arte. En Chelsea toma lecciones de profesores que despiertan su  capacidad imaginativa y su habilidad para abstraer formas y ponderar proporciones (Henry Moore) así mismo allí adquiere sus conocimientos técnicos y estilísticos (Graham Sutherland). Todo eso además de vivir el abandono de su padre cuando ella contaba seis años de edad, la terrible muerte de su madre en un bombardeo y la de otros familiares en campos de concentración nazis en la II Guerra Mundial.

Sarah NechamkinSus primeros pasos los da en el campo de la ilustración de cuentos  y el diseño. También trabajará algún tiempo en el departamento de publicaciones de  la National Gallery, como profesora en la Clapton Secondary School for Girls y como enfermera en el West London Hospital.

En 1961 se instala en Ibiza, aquí conocerá al que luego será su esposo y se dedicará a pintar una fecunda visión de la isla, sus paisajes, sus lunas, sus pájaros, sus huertas, sus poblaciones (Sant Agustí, frecuentemente) sus caminos y sus misterios. O acaso pintando lo que hay detrás de todo eso. Porque la obra pictórica de Sarah Nechamkin está impregnada de ella, de  ese bagaje biográfico de raíces rusas, judías e inglesas y de ese bagaje cultural cargado de arte, cuentos, leyendas y sueños, no en vano ha declarado sentirse admiradora tanto de Paul Klee como de Marc Chagall.

La témpera al huevo empleada con maestría por Sarah Nechamkin en su pintura,  proporciona unas veladuras blanquecinas que permiten más que ver vislumbrar. Los paisajes se van apareciendo como si salieran lentamente de un día de niebla y ese ritmo de andante es justamente el que  emplea el narrador de los cuentos infantiles que va poco a poco construyendo y encajando escenas y episodios, conteniendo la emoción y la sorpresa con la mesura justa. Se diría que Sarah Nechamkin está pintando en cada cuadro un cuento, una ensoñación, una pintura que es la ilustración de un sentimiento final; aquel que emana de la historia una vez acabada. Por eso no importan si sus referencias naturalistas y su fidelidad a la escena son académicas porque una y otra son de muy distinta naturaleza: sus referencias son sentimentales y su fidelidad  emotiva. Sarah Nechamkin, en ese sentido, no pinta lo que ve sino lo que siente cuando ve.

Sus pinturas de pájaros son mucho más ilustrativas, en ellas se nota muy nítida y claramente su buena mano como diseñadora y dibujante y su cualidad de observación y descripción casi de naturalista. Pero ¿de qué otra forma se puede pintar, no un pájaro cualquiera, sino un verderón o una lavandera o una collalba gris sino detallando perfectamente los rasgos que los hacen reconocibles?
Me he dado cuenta de que en casi todos sus cuadros aparece una luna sobre la línea de horizonte. Tal vez sea el sol. En cualquier caso, un astro circular preside sus composiciones casi indefectiblemente. Acaso sea el símbolo que contiene el duende, ese algo de misterio que se cifra en clave y que puede o debe sin duda tener el sentido de un valor constante en el cual se cree, como la  fe en uno mismo: la que Sarah ha tenido en ella en su vida de cuento, en su tan larga vida llena de creatividad e imaginación.