Nueve hogueras:
En el campo, las nueve hogueras se ponían en hilera. Ocho eran más pequeños y los jóvenes, uno tras otro, les saltaban tres veces seguidas, cantando, gritando o diciendo alguna gracia.
Las parejas que querían casarse debían saltarles cogidos de la mano.
Quemados los ocho primeros, todo el mundo seguía enremolado en lo que hacía nueve, que era el mayor.